17 de noviembre de 2021

La reportera, escritora y documentalista brasileña Eliane Brum publicó otra columna sobre el cambio climático en El País el 10 de noviembre. Y una vez más Eliane nos provoca a actuar. Asumir la responsabilidad de lo que ocurre a nuestro alrededor y que, sin una mirada más atenta, puede parecer que no nos afecta o que está demasiado lejos para implicarnos. Y luego saca a relucir un término que es el de los “negadores sinceros”: aquellos que no niegan la vacuna, que la Tierra es redonda, que el clima del planeta está cambiando, pero que actúan como si la crisis climática estuviera muy alejada de nuestra vida cotidiana.
Y, en el texto (haga clic para leerlo en español), Eliane llama a la gente a prestar atención, a aliarse, a acercarse a los que, de hecho, han protegido el medio ambiente:

“Sigue tus instintos. Nos hicieron sobrevivir como especie cuando era muy difícil sobrevivir. Si tu casa se incendia, ¿a quién pedirás que te guíe, a quién lucharás codo con codo para apagar el fuego? ¿Llamará a los pirómanos, a los que incendiaron la casa? Desde luego que no. Pero es de ellos de quienes los negacionistas sinceros esperan que se actúe, por increíble que parezca. Esperar una solución de los que incendian la casa del planeta significa negar los instintos de supervivencia más básicos. Cómo llega la mayoría a hacerlo es algo que tendremos que entender mucho mejor. Tú, por supuesto, escucharás, buscarás orientación y te aliarás con los que construyeron parte de la casa y han vivido en este planeta-casa durante milenios sin destruirlo. En Brasil, los pueblos originarios, los llamados indios, y las comunidades tradicionales de la Amazonia, el Cerrado, el Pantanal y otros biomas.”

Y entonces me vino el impulso de escribir una carta abierta para decirle a todo el mundo – especialmente a aquellos que se sienten impotentes cuando el tema es el cambio climático – que nosotros, la sociedad civil organizada de la región semiárida, no sólo en Brasil sino también en Argentina y El Salvador (en este caso, región subhúmeda), nos hemos organizado para… aprender de las experiencias de quienes viven en regiones secas, que viven con estrés hídrico, con las situaciones climáticas más desafiantes para el desarrollo de la agricultura, ya sean pueblos originarios, comunidades tradicionales o comunidades de agricultores familiares.

Hemos rastreado las iniciativas llevadas a cabo en estos tres territorios para recoger gran parte del conocimiento generado en estas acciones. Y seleccionamos 65 experiencias para conocerlas mejor a través de un proceso de observación-reflexión-escritura que llamamos sistematización. Observando las experiencias en su complejidad y multidimensiones sociales, ambientales, económicas, políticas, culturales, etc., buscamos conocer las estrategias, los resultados, los aprendizajes… Todo ello de forma colectiva, con la presencia de quienes estuvieron allí poniendo en práctica la experiencia, ensayando los caminos a seguir. De este proceso participativo nacerán nuevos conocimientos sobre las experiencias observadas.

Y este conocimiento, que surgirá de este proceso de reflexión sobre la práctica, se unirá a otros conocimientos más antiguos que también son el resultado de procesos de concienciación sobre lo que se hace. Y también se unirá a los conocimientos académicos y científicos sobre el cambio climático que avanza en el planeta. En conjunto, todos estos conocimientos -empíricos, prácticos y científicos- conformarán un programa de formación sin precedentes en América Latina y, quizás, en el mundo.

¿Y a quién va dirigido este programa de formación?
Para los representantes de las comunidades que se enfrentan al reto de seguir produciendo alimentos a pesar de la dureza del clima, y para los técnicos que asesoran técnicamente a estas comunidades, tanto si están vinculados a las organizaciones de la sociedad civil como a los gobiernos a distintos niveles.

¿Y qué queremos con esta iniciativa?
Desde el aumento de las capacidades institucionales y comunitarias para hacer frente a los fenómenos climáticos más extremos, como las sequías e inundaciones cada vez más graves, hasta la influencia en los programas y políticas públicas para que se basen en conocimientos arraigados en la vida de las comunidades del Semiárido. Y así podemos enfrentarnos a un problema en el ámbito político que son las soluciones pensadas en los despachos, como paquetes mágicos de soluciones que vienen de fuera. En general, estas soluciones sólo tienen un interés: beneficiar a una empresa, a un grupo político y económico, como ocurrió (y sigue ocurriendo) durante años con la Industria de la Sequía en Brasil. Son paquetes presentados de arriba a abajo sin ninguna adhesión a la realidad de las comunidades y con cero posibilidades de transformarla para mejor. Y, por increíble que parezca, estas soluciones se siguen proponiendo y presentando como algo maravilloso para el Nordeste brasileño.

Con un aumento de la temperatura de 1,1 desde la Revolución Industrial, el régimen de lluvias del Semiárido ya ha cambiado mucho.
Varios territorios del Semiárido hacen un seguimiento sistemático de las precipitaciones cada año. Uno de ellos es el territorio de Borborema, en Paraiba, un estado de noreste de Brasil, que incluye una región más húmeda, donde están los pantanos, y una parte más seca, Cariri. En los 13 municipios de este territorio, incluido el de clima pantanoso, las lluvias no han vuelto a la normalidad desde la sequía que comenzó en 2012 y se extendió con más intensidad hasta 2017-18, más o menos. Esto significa que en los años 2019, 2020 y 2021, los inviernos han seguido siendo inferiores a la media, insuficientes. Este año, la producción de maíz, en el territorio que libra una inmensa lucha por mantener las semillas criollas protegidas de la contaminación de los transgénicos, fue casi nula.

Por tanto, lo que nos interesa es saber qué discuten los pueblos de las regiones secas sobre el cambio climático. ¿Qué se está haciendo en la región desde el conocimiento de la gente para ampliar la capacidad de resiliencia? ¿Cuáles son los aprendizajes sobre las estrategias que realmente tienen efecto? ¿Qué pueden compartir estas regiones sobre cómo vivir con el déficit de agua, el empobrecimiento del suelo, la inversión de los procesos de desertificación en curso, la acumulación de agua, el aumento de la capacidad de autoorganización y la gestión colectiva de los bienes comunes de las comunidades, incluido el conocimiento?

¿Quién desarrolla esta acción en las regiones secas de América Latina?
En el apoyo político e institucional de esta iniciativa se encuentran dos grandes redes de organizaciones de la sociedad civil: la Articulação Semiárido Brasileiro (ASA) y la Plataforma Semiáridos da América Latina. Y en apoyo financiero está el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), vinculado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

ASA es una red de más de 3.000 organizaciones que operan en los diez estados de la región semiárida de Brasil, que existe desde hace 22 años. Esta política se ha convertido en una referencia mundial con galardones como el Premio Semillas de la ONU (2009) y el Premio a la Política de Futuro (2017) del World Future Council, en colaboración con la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

Por su parte, la Plataforma del Semiárido Latinoamericano, creada en 2013, está presente en diez países del continente a través de 16 organizaciones sociales. Uno de sus méritos es la construcción de la Ley de Acceso y Gestión del Agua, también en colaboración con el gobierno de la provincia de Salta, en el Gran Chaco argentino. Esta ley garantiza que todas las obras de infraestructura pública en la zona rural de Salta contarán con una cisterna para la recolección de agua de lluvia, lo que podría beneficiar a 2.500 familias campesinas y 5.000 indígenas.

¿Y qué necesitamos de ti?
Que sigas nuestras acciones, te intereses por conocer más sobre esta iniciativa y otras y también participes en lo que puedas. Quizás esta implicación le ayude a cuestionar el sentimiento de impotencia que se nos presenta cuando nos enfrentamos a una crisis mundial.
Por nuestra parte, nos sentimos más fuertes para avanzar y cumplir nuestros objetivos, sin perder nunca de vista el conocimiento y la sabiduría que nace en las personas que protegen el medio ambiente con su cuerpo porque siempre han sabido que todas las vidas del planeta están interconectadas y son interdependientes.

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