21 de junio de 2021

Por Adriana Amâncio

La comunidad quilombola de Feijão e Posse, situada en el municipio de Mirandiba, en la zona semiárida del estado de Pernambuco, ha aumentado su capacidad productiva basándose en diversas tecnologías para hacer frente al clima y a la región, así como en la gestión colectiva de las tecnologías y del bioma.

Desde 1995, cuando crearon la asociación comunitaria, las cerca de 60 familias han adquirido tecnologías de energía solar y del agua, patios productivos, huertos comunitarios y unidades de procesamiento, cocinas agroecológicas y han iniciado la recogida y el tratamiento de la basura.

Según la profesora y una de las líderes locales, Mazé Souza, no era común tener verduras, zanahorias, patatas, coles y repollos en las comidas. Tras acceder a las tecnologías de almacenamiento de agua, la comunidad “empezó a comer mejor”. Tiempo después, comenzaron a vender sus productos en ferias agroecológicas y también accedieron al Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) y al Programa Nacional de Alimentación Escolar (Pnae), políticas públicas de compra gubernamental de la producción agrícola para su distribución.

Muchos de estos resultados son fruto de las prácticas medioambientales que construyeron una relación armoniosa entre la comunidad y el bioma de la Caatinga. “Hemos conservado más árboles frutales de Caatinga, como el umbuzeiro, porque antes cogíamos la cafofa, que es la raíz que almacena el agua. Hoy en día, ya no lo utilizamos porque, en la estación seca, [el árbol] sobrevivirá de esos depósitos de agua. La cantidad de aves que no se veían, hoy se ven, porque hay más agua cerca”, dice Mazé.

Con la estufa agroecológica, la comunidad también dejó de recorrer kilómetros para recoger leña para cocinar, porque la tecnología funciona con palos de plantas muertas e incluso con bagazo de coco.

Tras adquirir un tractor, los jóvenes de la comunidad adoptaron la recogida de residuos, el reciclaje – que se convirtió en otra fuente de ingresos- y el tratamiento de residuos.

En 2012, las mujeres de la comunidad produjeron y plantaron unos 5.000 plantones de especies autóctonas, como Pereiro, Angico y Umbú, entre otras, con el objetivo de reconstruir el bioma.

Mazé destacó que el sistema agroecológico, junto con el cuidado de la higiene, favoreció la protección de la comunidad durante la pandemia. Entre los 300 residentes, hasta ahora no se ha registrado ningún caso de Covid-19. Ella sabe que la dieta sana y diversa, libre de pesticidas, refuerza la inmunidad de las familias locales.

Edición: Verônica Pragana

 

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