Foto de Gabriel Seghezzo
14 de septiembre de 2022

En entrevista, Gabriel Seghezzo comenta la experiencia de las regiones semiáridas latinoamericanas y sus posibilidades de nuevas alianzas.

Al igual que en el continente africano, la experiencia brasileña con las cisternas de recolección de agua fue importante para acercar a los agricultores/as que viven en las regiones semiáridas de América Latina.

En este tercer texto de la serie Agricultores Resilientes al Clima, en celebración de la Semana de la Cooperación Internacional Sur-Sur, Gabriel Seghezzo, coordinador de DAKI – Semiárido Vivo en Argentina, cuenta sobre el acercamiento entre los tres semiáridos latinoamericanos. También habla sobre el futuro de esta innovadora iniciativa de cooperación y la capacidad de replicar experimentos de resiliencia climática a larga escala.

Antes de Daki, el semiárido argentino tuvo una importante experiencia de cooperación con Brasil, a partir de las cisternas. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Qué cambios en la tecnología y en la implementación de la acción en sí tuvieron que adaptar a sus realidades?

Hace exactamente 10 años, en 2012, empezamos un proceso de intercambio y conocimiento de lo que fue la región del semiárido argetino, el Chaco Trinacional (Argentina, Bolivia y Paraguay) y el Semiárido brasileño. Lo primero es que empezamos a conocernos, a ver las similitudes climáticas, la diversidad cultural que existe tanto en el Semiárido brasileño, cuanto en el Gran Chaco Americano.

Una de las experiencias más impactantes para lo que fuimos desde Chaco hasta Brasil fue la experiencia de acceso al agua. El problema de acceso al agua existe en todos los semiáridos de América Latina, efectivamente en el Chaco existen graves problemas para consumo humano y de producción. Y el Programa 1 Millón de Cisternas fue el programa que recorrimos durante estos 10 años muchas veces, entendiendo su metodología, su forma de trabajo, el éxito tecnológico social, entendiendo como una tecnología social se había diseminado por todo Brasil y por la escala que esto había adquirido. 

Iniciamos ahí un proceso de profundización de los intercambios, primero desde la Plataforma Semiáridos América Latina y miembros brasileños que se habían incorporado a la Plataforma como Sabiá, Patac, Cetra y ASPTA. Y comenzamos un proceso de capacitación llevando dirigentes de las organizaciones al Chaco, y visitando desde el Chaco organizaciones brasileñas, viendo estas experiencias muy concretamente y empezando a hacer las primeras construcciones de cisternas en Argentina.

De hecho hasta hace 10 años no teníamos siquiera una cisterna de placas bajo el método Articulação Semiárido Brasileiro (ASA) construida en Argentina. Y este proceso de intercambio se fue haciendo cada vez más activo. Hay otras organizaciones, Organizaciones no Gubernamentales (ONGs), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), organismos internacionales y ministerios que están en un gran proceso de réplica de las cisternas. 

La Plataforma Semiáridos después hizo una alianza con ASA Brasil que después derivó en el proyecto DAKI – Semiárido Vivo. Pero la experiencia concreta de construcción de cisternas se ha transformado hoy casi en una política pública en Argentina, al menos en algunas provincias. Yo diría que hoy en Argentina hay más de 10 mil o 12 mil cisternas construidas y un proceso de aceptación de las políticas para construir cada vez más cisternas de placa de 16 mil litros.

En los últimos años, también estamos difundiendo la construcción de las cisternas productivas de 52 mil litros con algunas adaptaciones tecnológicas al sistema brasileño. Por ejemplo, en el caso de Argentina, la construcción de las cisternas incluye la construcción del techo de capacitación porque en el Chaco casi todos o muchos de los techos que existen en el campo eran de tierra y por lo tanto no se podía captar agua. Se han incorporado otras cosas, como el tipo de filtro, algunas adaptaciones a la bomba. Pero básicamente lo que se mantiene es el espíritu de la construcción de las cisternas por parte de los beneficiarios, con incorporación de trabajo de la familia, y un proceso de apropiación y capacitación tecnológica.

¿Qué importancia tiene Daki en este proceso de maduración de las relaciones Sur – Sur en la agricultura resiliente al clima?

Luego de estos diez años, de intenso trabajo y articulación regional entre el Semiárido brasielño, el Gran Chaco Americano y también con la incorporación del Corredor Seco Centroamericano es que fuimos madurando una alianza mucho mayor que la Plataforma Semiáridos y la ASA. 

Esta alianza que hoy ya tiene varios años es la que nos permitió presentarnos frente al Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) el proyecto DAKI – Semiárido Vivo. El proyecto es un proceso de Gestión de Conocimiento único en América Latina, que realiza las buenas prácticas en agroecología, en resiliencia al cambio climático, en el Gran Chaco Americano, en el Semiárido brasileño, y en el Corredor Seco Centroamericano.

El DAKI – Semiárido Vivo transforma el conocimiento regional con una escala sin precedentes porque se busca que estas experiencias de buenas prácticas puedan ser replicadas en escala en cualquiera de las regiones y esto es un proceso de intercambio de conocimiento muy fuerte. Así contamos con el sistema de acceso al agua, ha sido una práctica muy importante para otras regiones como Bolivia, Argentina y Paraguay. 

También para Brasil, la práctica de manejo de bosques, por ejemplo. Las prácticas silvopastoriles que se hacen en el Gran Chaco, el proceso de mapeo participativo como una metodología social que ha sido copiada y replicada en Brasil. Las buenas prácticas de manejo del Corredor Seco son adaptadas y copiadas en el Gran Chaco.

El proyecto DAKI viene a ser un instrumento más de una gran alianza internacional que potencia la Plataforma Semiáridos América Latina, hasta Brasil, ONU, en asociación con centenares de organizaciones indígenas, campesinas, grupos de mujeres y de jóvenes aportan estas regiones para mejorar las condiciones de vida.

¿Cómo ves la Cooperación Sur-Sur en América Latina en los próximos años? ¿Cómo podemos avanzar y fortalecer estas experiencias?

Este proceso de intercambio de 10 años entre las regiones semiáridas de América Latina, el Proyecto DAKI – Semiárido Vivo, el Programa de juventud y agroecología, que está en pleno desarrollo, con jóvenes que intercambian de países conociendo buenas prácticas, es en definitiva una esencia de Cooperación Sur-Sur. 

Nosotros creemos que este proceso de Cooperación Sur-Sur debe ser explorado y debe ser profundizado. Y debe ser multiplicado. Es cierto que el proyecto DAKI – Semiárido Vivo debe ser replicado en más países, con más organizaciones de América Latina. También pensar en cómo el proyecto DAKI se articula y extrapola a otros continentes, a países de África, de Asia, donde la problemática de los semiáridos a nivel mundial pueden ser enriquecidos con las prácticas que DAKI ha sistematizado. 

En definitiva, nos parece que la línea de la Cooperación Sur-Sur es algo que se va a hacer, que se va a profundizar en los próximos años y que así debe fomentar el trabajo no solamente por Plataforma Semiáridos e ASA Brasil, si no por muchas organizaciones que son parte de las alianzas que hemos venido construyendo en estos últimos años.

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