Antônio Barbosa
13 de septiembre de 2022

En una entrevista, Antônio Barbosa habla del intercambio de tecnologías para vivir con la región semiárida entre Brasil, América Latina y África.

Desde 2016, la Articulação Semiárido Brasileiro (ASA), ejecutora del proyecto DAKI – Semiárido Vivo junto con la Plataforma Semiáridos, tiene como una de sus estrategias prioritarias la promoción de la Cooperación Internacional Sur-Sur, centrada en los agricultores y en la convivencia con el semiárido. 

Lo que comenzó con viajes para construir cisternas y otras tecnologías que permiten a las familias convivir con la estación seca, hoy se ha convertido en una experiencia coordinada de gestión del conocimiento entre agricultores y técnicos de tres regiones semiáridas de América Latina: el Corredor Seco Centroamericano, el Gran Chaco en Argentina y la región semiárida de Brasil. 

Esta entrevista forma parte de la serie “Agricultores resilientes al clima”, compuesta por tres textos publicados en la semana de la Cooperación Internacional Sur-Sur. Antônio Barbosa, coordinador del proyecto, habla de la historia de la cooperación entre agricultores del Sur Global. También destaca la articulación en tornó a la cuestión del cambio climático de la población de las regiones semiáridas y los retos en este empeño. 

1.  La Articulação Brasileira do Semiárido (ASA) se ha centrado en fomentar la cooperación entre los agricultores resilientes al clima del Sur Global.  ¿Qué experiencias ha llevado a cabo y cómo lo ha hecho a lo largo de los años?

Antônio Barbosa – La perspectiva del intercambio entre agricultores es una de las que ASA ha valorado desde su nacimiento, y se basa en el método llamado “campesino a campesino”. Esto se basa en la perspectiva de que un agricultor aprende de otro, a través de la proximidad, del lenguaje, de la acción. Así pues, ASA coordina probablemente el mayor programa conocido hoy en día de intercambios entre agricultores. 

Con el tiempo, ASA ha realizado este tipo de intercambios con otros países. Mucho más para asesorar en la construcción de cisternas, como en los intercambios con Haití y Argentina. 

Desde 2016, ASA definió en su congreso que una de sus estrategias prioritarias sería la Cooperación Sur-Sur. Ya en 2017, ASA, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la FAO Roma, llevó a cabo dos grandes acciones de intercambio: una con la región africana del Sahel, ese corredor del África subsahariana que se encuentra por debajo del Sahara. Además de la construcción de cisternas, la iniciativa pretendía apoyar a la región analizando su realidad. 

Varios agricultores de la región semiárida brasileña viajaron a Senegal para conocer las experiencias de la región. Y varios agricultores y técnicos de la región del Sahel, Senegal, Burkina Faso y otros países del entorno vinieron a conocer las experiencias de ASA en su convivencia con el semiárido, en un ejemplo concreto de cooperación Sur-Sur en el que participan organizaciones, agricultores y sus equipos técnicos. 

Esta acción llevó a la FAO a lanzar un programa con los gobiernos nacionales: el Programa de 1 millón de cisternas en el Sahel. Mientras la FAO lanzaba esta propuesta a los gobiernos, nosotros empezamos a construir con ellos una propuesta para sistematizar experiencias y capacitar a los albañiles en la construcción de cisternas, porque ellos utilizan otro tipo de cisternas. También empezamos a ampliar la lógica de los intercambios entre agricultores. 

Otra línea de intercambio de experiencias en el mismo período fue con el Corredor Seco Centroamericano, articulado por Roma, pero con la participación de la FAO Chile, que coordina América del Sur y el Caribe, junto con la FAO El Salvador y la FAO Guatemala. Varios agricultores de la región semiárida brasileña fueron a la región a visitar las experiencias de los agricultores de Guatemala y El Salvador y los recibimos aquí. Esta fue una de las experiencias más interesantes en el ámbito de la cooperación Sur-Sur que ha llevado a cabo ASA, y se basó en gran medida en la colaboración con la FAO.

DAKI – Semiárido Vivo es un nuevo paso en esta estrategia, porque imagínense, antes hablábamos del intercambio de agricultores o de la participación de técnicos que iban a un país a cooperar. Ahora hemos ampliado esta lógica a una cooperación entre agricultores de muchos países diferentes.

2. En este último punto, uno de los pilares de DAKI – Semiárido Vivo es la cooperación Sur-Sur entre agricultores resilientes al clima. ¿Qué tiene de innovador esta iniciativa en relación con lo que han hecho antes?

Antônio Barbosa – El proyecto DAKI – Semiárido Vivo forma parte de una acción conjunta de dos grandes redes, ASA y Plataforma Semiáridos. Por tanto, se trata de una acción de cooperación coordinada a mayor escala que las anteriores. 

DAKI surge de una propuesta del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) que se centra en la unión de la sistematización de experiencias de agricultura resiliente al clima en ocho países (Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay, El Salvador, Guatemala y Nicaragua) con la realización de capacitaciones para agricultores y técnicos. 

Si bien implica una lógica de cooperación entre organizaciones, entre agricultores, también aporta un nuevo elemento que está acercando a las universidades. Tenemos universidades de todas las regiones dentro de esta estrategia.

En esta cooperación, también buscamos acercar los centros de investigación. Colaboran con nosotros la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) de Brasil, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina y el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal “Enrique Álvarez Córdova” (CENTA) de El Salvador. Otro de los avances de DAKI – Semiárido Vivo ha sido reunir tanto la cooperación vinculada a la ONU, como la FAO, el FIDA y otras agencias como Avina. 

¡Así que DAKI – Semiárido Vivo es una innovación! Es posiblemente la experiencia más consistente de cooperación Sur-Sur hoy en día, mirando a América Latina, donde la sociedad civil está en el centro de la acción, donde también involucra al Estado.

DAKI ha producido mucho material. Creo que nunca hemos conseguido producir tanta información sistematizada sobre tantas realidades del semiárido, organizaciones, temas relacionados con el agua, los suelos, las mujeres, los jóvenes. 

Pero también tenemos desafíos. DAKI necesita avanzar para estar en los espacios de diálogo internacional, en los espacios de Mercosur, en los espacios que miran a América Latina. DAKI es, sin duda, una innovación y, además de ser un programa de cooperación Sur-Sur, es posiblemente una de las mayores oportunidades de gestión del conocimiento en el mundo actual, con vistas a las zonas semiáridas.

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