31 de mayo de 2022

En Chiquimula, Guatemala, en el centro del Corredor Seco Centroamericano, el clima es muy árido. Gloria Díaz, lideresa de la Organización de Mujeres Progresistas en Chiquimula, y habitante del lugar, comenta que, “el agua viene 2 horas al mes y nosotras no podíamos cultivar porque 2 horas para resistir en un mes es difícil”. 

El Corredor Seco Centroamericano atraviesa en un 80% los países de El Salvador, Guatemala y Honduras. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la sequía es tal que, en El Salvador hay pérdidas del 60% en los cultivos de maíz. Mientras que en Honduras las pérdidas del cultivo de maíz y frijol ascienden hasta en un 80% y en Guatemala hay pérdidas de hasta 200 mil toneladas en cultivos de maíz y frijol.  Las pérdidas de cultivos provocan carencia de alimentos en las familias productoras, pero este escenario está cambiando. 

Agroecosistemas e integración familiar como respuesta a la resiliencia climática

Entre Guatemala, Honduras y El Salvador existe un promedio de 1 millón 566 mil personas en situación de inseguridad alimentaria. Ante este problema, muchos de los productores optan por sistemas agroecológicos que son resilientes a las condiciones climáticas áridas. 

La idea es poder adaptar especies animales y vegetales a las altas temperaturas, para   aprovechar y optimizar la poca cantidad de agua y recursos con la que se cuenta. De esa forma las personas agricultoras garantizan la seguridad alimentaria para sus familias y pueden optar por vender los excedentes en mercados locales o hasta internacionales. 

Las mujeres de la Organización de Mujeres Progresistas en Chiquimula tienen claro que en un agroecosistema las personas ayudan a la conservación de especies cuando les crean un hábitat ideal para su sobrevivencia. Esto se logra gracias a la utilización de recursos naturales como lo son los abonos orgánicos, que ayudan a mantener los suelos con un PH adecuado. Una de las grandes ventajas de este tipo de fertilizantes es que se pueden reciclar insumos que se encuentran dentro del mismo ecosistema, como lo son las hojas secas y el estiércol. 

“Hemos buscado la forma de hacer los mini riegos artesanales con cola de botella y vapor de sol. La resiliencia es muy fuerte aquí. A través de la cosecha de agua de lluvia, techo y suelo, hemos logrado aumentar 14 huertos comunitarios y luego tener un banco de semillas de 39 especies adaptadas al clima; y también conservación de suelos de reciclaje. En el tema ambiental, no utilizamos químicos, todo lo hacemos orgánico para nuestros huertos. Hacemos hasta 2 mil quintales para los huertos comunitarios”, explica Díaz.

El papel de las mujeres en la agricultura resiliente al cambio climático

Al ser la agricultura la máxima actividad que se lleva a cabo en las zonas rurales del Corredor Seco Centroamericano, las mujeres se vuelven productoras de sus propios alimentos, siendo cuidadosas y estando a cargo de los cultivos de una forma similar a la que cuidan a sus familias. A lo largo de la historia, las mujeres han sido las máximas cuidadoras de la familia, y por tanto siempre se han preocupado por nutrir a sus parientes y llevar alimentos a su hogar. 

La Organización de Mujeres en Chiquimula creó alianzas que les permitieron que 80 mujeres productoras puedan abastecer la alimentación de 3 mil 56 niños con la Ley de Alimentos a los niños en las escuelas. “Ya llevamos 5 años de estar produciendo ingresos económicos para nuestros hogares a través de las artesanías, bordados y la venta en las escuelas”,comenta Díaz. 

Según la FAO el aporte laboral de las mujeres latinoamericanas en la agricultura no es proporcional a sus ingresos, a pesar de ello, para el 2019 el porcentaje de mujeres agricultoras ascendía a un 40%. Sin embargo, en la actualidad, la inclusión de las mujeres en actividades agrícolas se solidifica con nuevas formas de organización, en donde pueden optar por postularse en cargos políticos o desempeñan roles de lideresas comunitarias que les permiten hacer alianzas con otras agricultoras y crear conexiones para promocionar sus productos en el mercado; o para aprender nuevas técnicas agrícolas. 

“Decidimos hacer una comisión que se llamaba de Cuido Comunitario. Entonces las compañeras madres guías y promotoras se encargaron de cuidar a los niños para que el resto de compañeras pudiera trabajar en los huertos y también implementamos los huertos familiares donde participan desde su casa”, expresó la representante de Mujeres Progresistas de Chiquimula. Además, comentó que gracias a su trabajo han logrado organizar a 177 jóvenes de la comunidad, que cuidan del medio ambiente como ellas. Por otra parte, gracias a las mujeres organizadas hoy se puede aportar a las familias más vulnerables de la zona. 

Colección de Experiencias en Agricultura Resiliente al Câmbio Climático

Como parte de los procesos que se llevan a cabo dentro de la Iniciativa DAKI Semiárido Vivo, existe una colección de experiencias sistematizadas, similares a la de la Organización de Mujeres Progresistas de Chiquimula en Guatemala.Dichas historias tienen la función de describir y comentar los métodos que las y los agricultores de zonas vulnerables (donde el agua es escasa), utilizan para ahorrar el recurso hídrico y conservarlo tanto en época de invierno como en verano. Puede hacer clic aquí para conocer más sobre las experiencias sistematizadas: https://semiaridovivo.org/es/experiencias-es/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.