Facilitação gráfica: Ricardo Wagner.
22 de diciembre de 2022

En reunión virtual, participantes del 1er Programa de Capacitación en Agricultura Resiliente al Clima celebran la culminación del curso.

Con 77 accesos a través de la plataforma Zoom, estudiantes, educadores y el equipo Proyecto DAKI – Semiárido Vivo celebraron la finalización del 1er Programa de Capacitación en Agricultura Resiliente al Clima.

Durante el evento se compartieron videos con testimonios de participantes en el proceso. Además, representantes de cada estado del Semiárido brasileño aportaron reflexiones y comentaron sobre el curso, sus desafíos y perspectivas.

Antônio Barbosa, coordinador general de DAKI – Semiárido Vivo, reforzó que el reconocimiento de que las mujeres agricultoras, los pueblos y las comunidades tradicionales son portadoras de conocimientos está en el corazón del proyecto. “El DAKI es prueba de ello. Estos mismos sujetos tienen una capacidad inmensa para adaptar un tipo de conocimiento”, comentó.

Rejane Alves, tutora del proyecto, junto con otros 10 compañeros/as, comentó que fue un desafío llevar a cabo el proyecto en una situación política convulsa y en vísperas de elecciones, pero que se siente orgullosa del logro del equipo: “Logramos hacer todo por lo virtual, y nuestra química fue muy linda”.

Para Ana Paula Ferreira, asesora pedagógica del proyecto, DAKI – Semiárido Vivo, el programa de formación puede entenderse como catalizador de una agricultura Resiliente al Clima. Para ella, estos espacios “aumentaron la velocidad de lo que ya se estaba haciendo en las comunidades y la solidaridad entre las personas”. Ana Paula también destaca que DAKI favoreció varios momentos de reflexión para los campesinos, que trabajan mucho, crean, producen conocimiento, pero a menudo no tienen tiempo para mirar sus propios logros.

Intercambio latinoamericano

Para los estudiantes de DAKI – Semiárido Vivo, un punto importante del proyecto fue la oportunidad de realizar intercambios con otros Semiáridos de América Latina. “Los técnicos tuvimos la oportunidad de reconocer las experiencias que vienen desarrollando otras regiones semiáridas de América Latina y presentarles nuestro territorio. A través de este intercambio, pudimos visualizar nuevas estrategias y prácticas para la convivencia con el semiárido”, comentó Luana Batista, alumna del curso e integrante de la ONG Chapada, en el Sertão do Araripe-PE.

Para Francisco José, del STR del municipio de Quixeramobim, además del intercambio entre regiones, el curso fue “una excelente oportunidad para tener una retroalimentación entre el conocimiento empírico de los agricultores en las comunidades y el conocimiento teórico que existe en los tres semiáridos de Latinoamérica”.

Gabriela Barbosa, de EMATER en Rio Grande do Norte, en esta misma perspectiva, destacó la importancia de un espacio de reflexión sobre el cambio climático: “una lección aprendida del proyecto DAKI fue el intercambio de experiencias entre las regiones semiáridas de América Latina; también fue importante entender cómo otros territorios han estado lidiando con el cambio climático en las formas y adaptaciones más diversas posibles en cada región. Pudimos ver qué se puede adaptar a la realidad de nuestras comunidades”.

Mujeres en resiliencia climática

El papel de las mujeres en el desarrollo de una agricultura resiliente al clima se ha hecho visible y destacado constantemente dentro del Proyecto DAKI. Para Hiberlândia Ferreira, que participa de una experiencia de construcción de estufas ecológicas, tanto la capacitación como el proceso de sistematización de experiencias en agricultura resiliente al clima han sido espacios ricos para “que las mujeres vean que sus experiencias de convivencia con el semiárido son importantes “.

Sheila Pessoa, técnica de la organización PROCASE en Paraíba, refuerza esa perspectiva y entiende que la experiencia adquirida con el Proyecto DAKI puede inspirar otras iniciativas. Para ella, fue un proyecto enriquecedor para reforzar el trabajo en la comunidad: “a partir de DAKI, mapeamos las experiencias de las mujeres en Sertão do Apodi (Rio Grande do Norte), las organizaciones y las comunidades del entorno. Creemos que podemos mapear otros procesos”, comenta haciendo planes para el futuro.

Aurita Rodrigues, dice que la mayoría de los representantes de las familias escogidas para realizar el curso fueron mujeres por decisión de la propia comunidad y que desarrollaron como plan final de trabajo un sistema de reúso de aguas grises, que permita a las comunidades aprovechar sus recursos hídricos. 

Mapeo colectivo, apreciación y autoconocimiento

Otra narrativa consensuada entre los participantes fue sobre el potencial del mapeo colectivo, una metodología utilizada durante el curso en el que los participantes, en paralelo a las clases y discusiones, mapearon su territorio y comunidad. Para muchas de estas, la construcción del mapa fue un proceso de reflexión sobre las potencialidades y desafíos de sus territorios.

“La construcción de los mapas trae una historia muy hermosa de alianzas, costumbres, religiosidad, políticas públicas implementadas. Además de lo dibujado, tuvo experiencias con la guitarra, la comida, el comer”, dijo Aurita Rodrigues.

Roberta Libarino Lima, campesina de la comunidad de Bom Sucesso, en Bahía, describe el curso como un proceso productivo y esperanzador. “Dentro de la comunidad estamos logrando valorar lo que tenemos, entender sobre suelos y políticas públicas. Muchos pensamos que en el semiárido no producimos nada, pero es todo lo contrario, todo lo que siembras y cuidas te da”

Ludmila Santana, del quilombo Lages dos Negros, en Campo Formoso-BA, comentó que el proceso los puso al día con nuevas experiencias, que trajeron una mirada diferente sobre el territorio, “una capacidad de pensar y estudiar mejoras para nuestro territorio y comunidad”.

Valéria Porto elogió la formación en su conjunto. “Esta capacitación apunta a nuevas posibilidades de construcción dentro de las comunidades. La experiencia vivida nos permite pensar en nuevas tecnologías sociales y profundizar las relaciones con los grupos productivos, especialmente con las mujeres”.

Agricultores experimentadores

DAKI – Semiárido Vivo se puede describir como un gran encuentro de agricultores experimentadores. Y en ese sentido, durante el evento hubo varias narraciones orgullosas sobre el desarrollo de tecnologías y la maduración de los procesos productivos, la protección y recuperación del medio ambiente al interior de las comunidades y organizaciones.

Antonio Silva Feitosa, técnico de la COOTAPI (Cooperativa de Trabajo para la Prestación de Servicios para el Desarrollo Rural Sostenible) de Piauí, dijo que como trabajo final del curso, su comunidad promovió capacitaciones sobre biodigestores. “En nuestros municipios la gasolina cuesta hasta el 10% del salario mínimo. Del estiércol animal producimos metano y reemplazamos el gas de cocina y hasta tenemos listo el fertilizante para la planta”, comentó. Para él, el papel de los técnicos, al igual que el suyo, es dar a conocer estas posibilidades alternativas.

Marialda Moura, del territorio de Mato Grande en Rio Grande do Norte, dijo que su comunidad decidió construir una plaza ecológica para tener un espacio de encuentro y socialización. Durante el evento defendió que la agricultura resiliente al clima depende de un espíritu comunitario y la plaza facilitaría el encuentro y la interacción entre los vecinos.

Bruna Ribeiro, de Juazeiro, Bahía, dijo que, en el transcurso del curso, la comunidad tradicional de Fundo de Pasto, donde ella vive, identificó la necesidad de realizar trabajos de rescate, conservación y multiplicación de semillas criollas. Para ello, movilizaron a los guardianes de las semillas, se unieron para plantear la agrobiodiversidad y pensar en su sustentabilidad.

Cinelândia Souza del Quilombo Cascavel, de Maranhão, desarrolló, junto a su quilombo, un proyecto sobre metodologías del conocimiento y acceso a políticas públicas.

Angelina Barreiro dos Santos, que trabaja como técnica en la Comunidad Acauã, Territorio del Alto Sertão Sergipano, junto con otras mujeres, decidieron aprovechar la abundancia del coco Oricuri para promover un esfuerzo conjunto eco-gastronómico. El objetivo fue poner en valor la especie y su trabajo.

Maria da Guia Santos, del Quilombo Cuarenta negros, en Paraíba, promovió la construcción de un cerco vivo para proteger un área en recuperación. Junto a su comunidad iniciaron la acción con la siembra de plantones, que luego serán trasplantados a la zona.

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